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domingo, 22 de enero de 2012

La reliquia

El sol se filtraba entre los árboles, el viento soplaba como tenue brisa en su rostro. Las aves trinaban en las ramas de los árboles. Un pequeño arroyo corría a un costado del sendero con sus aguas cantarinas. El jóven se encontraba en un paseo que jamás olvidaría. De pronto se encontró con un saliente del camino, una que nunca antes había visto. Su curiosidad lo llevó a seguirla, había andado por ese bosque tantas veces y nunca había visto ese sendero.

Tras caminar por varios minutos a lo lejos pudo distinguir una pequeña casa de piedras blancas y troncos con techo de tejas rojas. Al rededor de la casa se veía un jardín y una hortaliza así como un pozo de piedra. Como los pies ya comenzaban dolerle por la caminata que había emprendido decidió llegar a la cas para pedir un poco de agua y descansar un momento y regresar. Al que el retorno le llevaría un buen rato, después de todo llegaría casi al atardecer.



Cuando llego a los linderos de la casa en el pozo se encontraba una mujer que sacaba agua con un cubo de madera. Una vez que saco el cubo el joven le pregunto de manera discreta tratando de no asustarla, ya que parecía que la mujer no lo había oído.


--Hola. Disculpe la molestía. He andado varias horas por el bosque y estoy cansado y sediento, ¿sería usted tan amable de darme un vaso de agua y permitirme reposar un poco en su jardín?

La mujer se volvió hacía el joven. Era una mujer alta, delgada, rubia, con su piel tersa y firme. Aparentaba ser joven, pero a la vez muy vieja. Una extraña mezcla de juventud y experiencia. De inocencia y sabiduria, de fuerza y delicadeza. Ella sonrió. Para nada parecía sorprendida o asustada. Con una voz suave y firme le respondió:

--Hola. Por supuesto, de hecho te esperaba. Bienvenido.


El joven puso cara de sorpresa. ¿Era posible que lo esperan en un lugar que el conocía? ¿Quién o qué era esa hermosa mujer? Ella como leyéndole el pensamiento dijo:


--No te asustes, soy una antigua hechicera, guardiana de un tesoro de tu familia. Sé quien eres tú, porque tienes una brillo especial que me lo dice. Yo cuido de un tesoro que por generaciones a  pertenecido a tu familia. Hemos cuidado a los hombres y mujeres de tu estirpe por generaciones y cuando llega el momento nos hacemos presentes para entregarles un gran tesoro.

Aunque la explicación le sonaba algo fantástica también le pareció real. La mujer tomo el cubo de agua y se encamino hacia la casa. En la entrada se volvió hacía el joven y le dijo.

--Ven conmigo, pasa.


El joven recorrió los pocos pasos hacia el dintel de la puerta y entro en la morada. Era un lugar confortable, sencillo y cálido. Había una chimenea encendida donde había una olla de la que salía el olor de un caldo. Había alrededor unas sillas de madera con cojines claros y mullidos. Un tapete. Un poco más allá una mesa rústica de madera con seis sillas de la misma madera. A su izquierda había una salita con una enorme ventna que daba al jardín donde había un gran librero y dos sillones. La mujer entro por un puerta un poco más adelante de la salita dejo el cubo y salió con vaso de agua. Se lo tendió al joven y le indicó con un gesto que la siguiera junto a la chimenea.


--Siéntate, descansa un poco--dijo mientras se acomodaba en uno de los sillones adyasentes a la chimenea y le indicaba el que estaba frente a ese.

El joven tomo un sorbo del agua, fresca y fría. Sintió como el líquido recorría su garganta.
--No entiendo eso del tesoro. ¿Cómo sabes que soy yo el indicado, que no te has equivocado?--preguntó el joven a la dama.

Ella sonrió y le dijo:

--Para mi brillas como gran luz. No hay forma de equivocarse--se levantó y le dijo suavemente--Sígueme, te llevaré a donde está el tesoro, una vez que lo veas sabrás que te pertenece.

--Este es tu tesoro. La espada fue forjada por hábiles herreros. Es poderosa y hermosa, artesanos joyeros incrustaron las piedras preciosas. En otros tiempos defendió a tu familia y fue muy apreciada. Por su parte el jarrón fue hecho por las manos de mujeres alfareras y pintado a mano con oro líquido, en el se han guardado secretos y esperanzas. Ambos son tuyos.--Dijo con su voz dulce y exótica.




--Son hermosos--balbuceó el joven--¿qué he de hacer con ellos?

--Excelente pregunta. Yo tengo la obligación de ofrecertelos y darte a elegir uno de ellos.

--¿Uno de los dos?, ¿No puedo quedarme con los dos?

--Por supuesto que sí. Ambos son tuyos. Pero, debes llevarlos a otro sitio. Al otro lado del bosque.

--¿Por qué?--preguntó confundido

--Porque es una prueba para demostrar que eres merecedor de tu tesoro. Toma tu tiempo y decide.

El joven observó ambos objetos en verdad eran obras de arte la espada transmitía poder y fortaleza, mientras que el jarrón era delicado y hermoso. No sabías si tomar ambos o sólo uno. Después de pensarlo un poco toma la espada y se volvió hacia la dama. 

--Me llevaré la espada.

Ella lo observo y asintió.  Sin decir nada lo condujo de vuelta a la casa y se dirigieron hacia el patio de atrás. Salieron por la cocina. Una vez afuera la dama le dijo.

--Sigue ese camino en medio del bosque te llevara con el futuro guardián.

--¿Cómo saber quién es?

--Lo sabrás en cuanto lo veas. Confía en tus instintos y escucha a tu conciencia.

El joven asintió. La mujer regreso dentro de la casa y unos momentos más salió con un pequeño fardo. 

--Aquí hay un poco de pan de frutas, un pequeño odre de agua, algo de carne seca y queso.-- y se lo entregó.

--Muchas gracias--se despidió y emprendió el camino.


Esa parte del bosque era más espesa, muy tupida de árboles pocos rayos de luz se filtraban entre las ramas de los árboles. El ambiente era fresco. Tras caminar un rato saco un trozo de pan y se lo comió. El bosque espesaba más y se enfriaba, afortunadamente el sendero era claro. Con el fardo en un hombro y la espada en la cintura caminaba observando el lugar.  En cierto momento un gran silencio lleno el ambiente, las aves habían callado, eso lo sobresaltó.  A la distancia escucho el galope de un caballo. Algo en su interior le advirtió que estaba en problemas. A la distancia pudo distinguir un caballo negro montado por un hombre robusto, vestido de oscuro. Apretó el paso no lejos de donde se encontraba el camino se curvaba y se perdía de vista, sería un buen lugar para ocultarse. Al llegar ahí, se metió en un hondonada y espero hasta oír al caballero pasar a toda prisa. Espero un momento en ese lugar hasta que se sintió seguro de salir.


Una vez que volvió al camino emprendió la marchas hacia ese lugar al que debía llegar. Un tramo adelante observo que algunas hierbas estaban rotas en un costado del camino, quizás el hombre de negro se había adentrado al bosque abriéndose camino por si mismo. Camino un rato más y volvió a oír el paso del caballo.  Se puso tensó y pegó carrera sabía que no podría esconderse está vez. Mientras corría escuchó como se acercaba el caballo, volvió y lo vio acercarse deprisa, se tiró al suelo cuando el caballero se acercó e intento tomarlo de sus ropas. Una vez el suelo se levanto desenfundo su espada. Era ahora o nunca para eso era una espada para defenderse. Al sacarla y ponerla en alto, la espada parecía nueva como si tuviera vida propia el caballero oscuro regresaba al galope y desenvaino la suya. El joven no se movía del camino estaba decidido a pelear. Se hizo a un lado y dio un tajo al caballo que relinchó y más adelante cayó con todo y caballero.  Su corazón palpitaba fuertemente, pero sus pies no se movían del suelo y sus manos sujetaban la empuñadura con determinación sus ojos no se apartaban del caballero de las ropas negras. Poco a poco el hombre se incorporó y busco su arma. Una vez que la encontró camino despacio hacia el joven. Su mirada era feroz, su cara inexpresiva, severa. Se dirigió lentamente hacia el joven. Su boca intento dibujar una sonrisa torva. El joven no quitaba los ojos de encima del hombre, se puso en tensión y listo para defenderse al mínimo ataque del hombre. Una vez que estuvieron cerca se observaron uno al otro y comenzó una cruenta batalla, los aceros chocaban y lanzaban chispas, mandobles de un lado, mientras el otro se cubría y respondía el ataque se fueron moviendo con cada embiste hasta que llegaron a un antiguo puente de piedra que cruzaba un perezoso río. Al llegar al punto más alto del puente ambos estaban sudados y respiraban fuerte. El duelo se mantuvo un poco más hasta que el joven con un impulso hizo tropezar al hombre de negro y cayó de espaldas en a orilla del puente y su espada cayó en el río. El joven puso la punta de su espada en la garganta del hombre que comenzó a moverse por la orilla del puente hasta quedar de nuevo de espaldas al camino por el que habían venido. El joven con determinación autoridad le espetó:

--Vete y no vuelvas nunca más

El hombre lo veía con mirada hostil, pero a la vez demostrando su derrota. Bajo la mirada y dio media vuelta y comenzó a andar de vuelta por donde venían, con paso lento, fuerte y decidido. El joven se quedó donde estaba observando al hombre alejarse, un gran orgullo lo inundaba, una seguridad y un aplomo se habían despertado dentro de él. Una vez que estuvo seguro que el hombre no volvería cruzó el puente y repostó, comió  un poco de carne tomo agua y lleno el odre en el río. 


Después emprendió su camino con determinación. Tras varias horas de camino distinguió en medio una torre y se encaminó hacia allá. Una vez que llegó ahí, recargado en un piedra fumando de una pipa se encontró con un anciano de barbas blancas y túnica blanca. Sus ojos parecían brillar. El joven lo vio y supo que ya había llegado. Se encaminó hacia el viejo que se enderezó y saludo con una voz seca y potente:



--Saludos, joven.

--Saludos, buen hombre. Le estaba buscando

El viejo sonrió y respondió;

--Yo te esperaba. Pasa--Dijo mientras abría la puerta de la torre.

Adentro el ambiente era cálido y seco. El joven se sintió reconfortado y cómodo. El anciano se dirigió un salón. Y ahí tomo asiento en una banca de madera, el joven se sentó en un taburete frente al viejo. El anciano, fumó de su pipa y dijo. 

--Qué bueno que llegas sano y salvo. Cuéntame como fue tu jornada.

El joven le refirió todo lo sucedido desde que dio con el camino extraño que lo llevó a la cabaña de la dama de blanco y el camino por el espeso bosque, su enfrentamiento con el hombre de negro. El anciano asentía y le hacía alguna que otra pregunta. Al finalizar su relato el anciano le sonreía. Se levantó y le dijo:

--Ahora es tiempo de poner a resguardo tu magnifica espada.

El joven asintió. Y siguió al hombre hasta las escaleras de caracol que ascendían por toda la torre al llegar uno de los pisos que hacía de biblioteca el joven observo una pared blanca y sin decir nada se encaminó hacia el muro y dijo:

--Creo que este el mejor lugar para ponerla.

El anciano asintió. El joven camino hacia la puerta, levantó la espada y la recargo en el muro. En ese momento la espada de sostuvo en el muro como si se hubiera pegado a éste. El anciano le tomo del hombro y le dijo:

--Joven amigo, ten presente que la espada siempre será tuya, cuando la necesites aquí estará.

El joven sonrió y agradeció al viejo. Regresaron al piso principal y ahí el joven vio que oscurecía, debía volver a casa. El viejo le llevo afuera y le dijo:

--A pocos pasos de aquí encontraras una cueva adentra ahí y al otro lado estarás de regreso en los linderos del bosque cerca de tu hogar. Suerte y  sigue adelante con valor.

El joven se despidió y se encaminó hacia donde le había indicado el viejo. Una vez que cruzó el  túnel se encontró muy cerca de casa. Vio el entorno henchido de orgullo y paz. Tomó su fardo y se dirigió a casa a descansar.

viernes, 20 de mayo de 2011

Las enseñanzas de los cuentos

A algunos de nosotros cuando éramos niños nos contaban o leían cuentos de hadas, fábulas y demás historias cortas. Ya fuera porque nos querían mantener quietos o porque algunas historias se parecían a nosotros y nuestras acciones de algún momento. El caso es que muchas historias nos dejaban un mensaje directito al subconsciente.

Pongámoslo así: ¿quién de nosotros no conoce la historia de caperucita roja o del lobo feroz y los tres cerditos? ¿La bella durmiente, Blancanieves, Cenicienta o Pinocho? Creo que todos conocemos alguna versión de estas historias. ¿Pero, en el fondo qué es lo que nos dejan éstas historias, aparte de entretenernos y despertar la imaginación y fantasía?

Sin entrar en por menores les puedo de decir que cada historia trata un punto especial de la vida diaria:

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Caperucita Roja.

Sin entrar en los pormenores de la historia, sabemos que es una jovencita que va a ver a su abuela y que el lobo la ve, habla con ella se adelanta y devora a la abuela, se mete en la cama de la abuela y se hace pasar por ella. Una vez que caperucita está con él termina en la cama con el lobo.

La simbología aunque evidente, la evitamos para empezar el color rojo. ¿Por qué rojo y azul o verde? Sencillo el rojo está relacionado con la lujuria y con la sangre; que en éste caso es la menstruación, entonces caperucita no es tan niña como solemos pensar. Es una jovencita que en la adolescencia y es capaz de despertar la lujuria de los hombres maduros y mañosos (representados por el lobo).

El lobo, es peludo, astuto y anda detrás de caperucita: curiosamente los hombres suelen ser velludos y buscan el sexo, especialmente con mujeres jóvenes. Podemos llegar a la conclusión de que la historia trata de avisar sobre el riesgo que corren las adolescentes con los hombres adultos que se hacen pasar por amigables y hasta parte de la familia.

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La bella durmiente

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En este historia nos hablan de una joven que hechizada por haberse pinchado el dedo con una aguja queda dormida y despierta con el beso de un príncipe. El pinchazo, otra vez, es la menstruación y el beso el despertar de la mujer sexual y el dormirse es dejar a atrás la etapa infantil.

Y así los tres cochinitos hablan de trabajo duro y sus recompensas a futuro; Pinocho de los problemas que tiene mentir y como va uno madurando al hacerse responsable de sus decisiones. El Mago de Oz nos muestra la travesía hacía el interior y equilibrar lo que todos llevamos dentro: inteligencia, emociones (amor) y valentía. La Sirenita muestra los problemas de auto aceptación y encajar en entorno ajenos a los propios. Blancanieves y Cenicienta de las envidias de las adultas sobre la juventud.

Y así como éstas podemos encontrar el masaje en otras tantas historias, donde las brujas son ancianas y mujeres envidiosa, los lobos son hombres abusadores, los gigantes y los ogros los adultos de un mundo infantil. Cada historia va dejando mensajes de trabajo, de crecimiento, desarrollo y madurez. De como pasar del niño al joven y de ahí a la adultez.

Cada uno de nosotros cuando niños teníamos un cuento preferido, léanlo ahora desde una perspectiva adulta y recuerden su infancia y descubrirán porque les gustaba ese cuento en particular.

Neil Gaiman tiene un cuento poesía que sirve de guía para viajar por el mundo de la fantasía:

“INSTRUCCIONES

Toca el portón de madera que hay en la pared

y que no habías visto antes,

Di “Por favor” antes de abrirlo,

Cruza el umbral

avanza por el sendero.

Sobre la puerta pintada de verde, un diablillo

rojo labrado en metal

hace las veces de aldaba ,

no lo toques te morderá los dedos.

Recorre la casa. No cojas nada. No comas nada.

No obstante,

si una criatura te dice que tiene hambre,

dale de comer.

Si te dice que está sucia,

límpiala.

Si llora porque se ha lastimado,

siempre que puedas,

alivia su dolor.

Desde el jardín trasero podrás

ver el frondoso bosque.

Pasarás junto a un hondo pozo que desciende

hasta el reino del Inverno;

lo que hay al fondo pertenece a una tierra distinta.

Si llegado a este punto decides dar media vuelta,

puedes volver atrás, tranquilo;

no hay de qué avergonzarse.

No por eso me sentiré defraudado.

Atraviesa el jardín para llegar hasta el bosque.

Los árboles son centenarios.

Hay ojos que te observan entre la maleza.

Bajo un sarmentoso roble verás sentada

a una anciana.

Es posible que te pida algo;

dale lo que quiera.

Ella te dirá como llegar al castillo.

En su interior habitan tres princesas.

No te fíes de la menor. Sigue adelante.

En el claro que hay más allá del castillo verás

a los doce meses sentados alrededor del fuego,

calentándose los pies mientras cuentan sus cuentos.

Puede que te hagan algún que otro favor,

si se los pides con educación.

Quizá diciembre te deje coger fresas

bajo su manto de escarcha.

Confía en los lobos, pero no les digas a dónde vas.

Para cruzar el río tendrás que tomar el ferry.

El patrón te llevará al otro lado.

(La respuesta a su pregunta es ésta:

“Si le entrega el remo a su pasajero, quedará

libre y podrá abandonar el barco”.

Pero al responderle, procura estar

a una distancia prudente.)

Si un águila te da una pluma, guárdala

como oro en paño.

Y  recuerda: que los gigantes tienen

el sueño muy pesado;

que a las brujas les pierde su codicia;

que los dragones tienen su punto débil,

no sé dónde, pero todos lo tienen;

el corazón es de natural discreto,

no permitas que tu lengua lo traicione.

No sientas celos de tu hermana:

soltar rosas y diamantes por la boca

no es menos molesto que soltar sapos y culebras:

los diamantes son fríos y duros y, además, cortan.

Recuerda tu nombre.

Nunca pierdas la esperanza: al final,

encontrarás lo que buscas.

Confía en los fantasmas.

Confía en que aquellos a los que has ayudado

te ayudan a su vez.

Ten fe en los sueños.

Ten fe en tu corazón y también en tu historia.

Llegado el momento de regresar, vuelve

sobre tus pasos.

Todo favor será correspondido,

toda deuda quedará saldada.

No descuides tus modales.

No mires nunca atrás.

Vuela a lomos del águila sabia (no te caerás)

Nada a lomos del pez de plata (no te ahogarás)

Cabalga a lomos del lobo gris

(agárrate fuerte a su pellejo).

Hay un gusano en el corazón de la torre;

y ésa es la razón por la que no durará siempre.

Cuando llegues a la casita,

al lugar lugar donde comenzó tu viaje,

la recordarás de inmediato,

aunque ahora parecerá más pequeña

que al principio.

Sube por el sendero, cruza el umbral

del portón que sólo viste una vez,

justo antes de iniciar el viaje.

Ahora ya puedes volver a tu hogar.

O crear uno nuevo.

O descansar.”

Neil Gaiman. Tomado de: “El Cementerio sin lápidas y otras historias negras”. Editorial Roca. 2010. México

Buen viaje a todos

martes, 12 de abril de 2011

El príncipe en la tierra de los gigantes

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Era un día soleado, el príncipe se encontraba jugando en los campos cercanos al palacio. Su traje azul y sus botas de cacería favoritas estaban llenas de lodo de los alrededores del río. Vio el cielo y supo que era hora de volver al palacio, la tarde comenzaba a caer. Corrió hasta un pequeño túmulo de piedras en las que había un pasaje secreto que llevaba al interior del palacio, recorrió el túnel y salió cerca de los graneros. Una vez dentro del llegó a donde estaban los sirvientes alimentando a los caballos, las vacas, gallinas, patos y conejos. Corrió hacia la cocina en la que había varios fuegos prendidos y olía a estofado, las mujeres de la cocina iban y venían a toda prisa. Tomó un bollo recién horneado de una canasta y se disponía a salir cuando se encontró de frente con el heraldo de sus padres, era un joven alto, delgado, de cabellos claros y ondulados hasta los hombros, de rostro serio y cara alargada.

--Su majestad, el rey, solícita la presencia de su ilustrísima en el salón del trono—dijo el heraldo sin rodeos—sería tan amable de acompañarme.

El príncipe sólo atino a asentir y seguir al joven hasta las enormes puertas del salón del trono. El heraldo lo anunció y las puertas se abrieron de par en par. El salón estaba adornado con grandes estandartes de colores y los nobles de la corte se encontraban reunidos. Al entrar el príncipe todos ojos se posaron en él. Al fondo del salón estaban sentados sus padres. Caminó hasta estar a su alcance y se inclinó en muestra de respeto. Se veían imponentes en sus tronos y con sus trajes de gala. El rey sonrió y le dijo:

--Hijo mío, en el reino existe una tradición ancestral, en la que todo príncipe debe ir, al cumplir tu edad, a la tierra de los gigantes y traer algo de ella.

--¿Qué cosa padre?

--Eso, es lago que tú debes averiguar por tu cuenta. Lo que te puedo decir es que hemos preparado todo para que zarpes mañana rumbo a aquella tierra

--No temas, hijo, todo saldrá bien, además el viaje no es muy largo y pronto estarás de regreso—apuntó la reina

--No temo madre, sólo que no sé que debo llevar para realizar mi encomienda.

--Lleva sólo que consideres necesario

Se inclinó y se retiro a arreglar su fardo y provisiones para el viaje que se avecinaba.

 

A la mañana siguiente, sus padres lo esperaban con un carruaje listo para llevarlo a los muelles de los que saldría la embarcación que lo llevaría a las costas de la tierra de los gigantes.

Una vez en el muelle, sus padres se despidieron de él. El príncipe estuvo en el barco y veía como trabajaban los marineros y cómo el capitán dirigía la embarcación, el movimiento cadencioso de las olas lo adormecían y por las noches le gustaba contemplar las estrellas en el firmamento. Al amanecer del segundo día el vigía gritó desde el mástil:

--Tieeeeerrraaaaa aa la viiiiiiiiiiiiiiissssssssssssttttttttttaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!

Todos se apresuraron a anclar y ya preparar una pequeña lancha en la que abordaron el príncipe, el capitán y 3 marineros más. Una vez en las costas, el capitán habló con el príncipe:

--Alteza, estaremos esperando por 3 días en el barco. Nuestras provisiones no nos permiten permanecer más días. Por lo que le suplicó que no tarde mucho más de esos días, de otro modo el regreso nos será más difícil. Cuando regrese prenda el faro que está en la costa para venir por usted.

--Por supuesto capitán, regresaré lo más pronto posible—respondió el príncipe

Vio como se alejaba la lancha rumbo al barco. Después con paso decidido se encamino hacía el interior de la tierra de los gigantes, avanzó por unos matorrales espesos, hasta que escuchó sus potentes voces, había varios gigantes por ahí cerca, se ocultó tras una piedra y los observó, y descubrió que eran como la gente de su reino, alegres, trabajadores y habladores, sólo que eran gigantes.

Como pudo se trepo a una enorme roca y desde ahí grito e hizo señales a los gigantes, varios de ellos se acercaron a él y lo vieron. Uno de ellos se se agacho y lo vio. Entonces, el príncipe le dijo que venía a su tierra en busca de algo, que no sabía que era, que tenía poco tiempo y ´necesitaba de su ayuda. Los gigantes le dijeron:

--Hace mucho que no recibamos visita de tu gente. Te ayudaremos.

Uno de ello lo llevó en la palma de su mano y los demás sugerían: “la playa, el bosque, los ruinas, las cuevas…” le dieron un recorrido por sus tierras y la invitaron de sus comidas. Al día siguiente uno de ellos le dijo:

--Es probable que lo buscas esté en el pequeño edificio, es muy pequeño para nosotros, pero no para ti. ¿Quisieras buscar ahí?

--Creo que es una buena idea—aceptó el príncipe.

Lo llevaron hasta un pequeño castillo de piedra en lo alto de un peñasco. Lo dejaron ahí y le dijo uno de ellos:

--Cuando te desocupes haz sonar la campana del campanario para saber que estás listo.

--De acuerdo.

Entro en el castillo,  dentro había una huerta y una fuentes y muchos cuartos llenos de objetos de todo tipo, armas, armaduras, ropajes, obras de arte, joyas, frascos con líquidos de colores, libros, pergaminos, etcétera. Recorrió una a una las salas hasta que en un estante lo vio, en medio de un globo terráqueo y un artefacto que no conocía estaba un libro de pastas azules y piedras preciosas en la pasta, el corazón del príncipe se acelero y supo en ese instante que ese era el objeto por el que había ido. La noche ya había caído y decidió dormir en el castillo. Por la mañana despertó y bebió de la fuente y comió de los árboles del castillo. Fue hasta la torre campanario e hizo teñir la campana. Una Gigante fue por él y le preguntó si ya había encontrado lo que buscaba. El príncipe le dijo que sí. Y le pidió que lo llevaran a la costa.

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Varios gigantes lo acompañaron hasta la costa y vieron como prendía el faro. A los pocos minutos llegaba la lancha con unos marineros para recoger al príncipe.

--Alteza, estamos listos para partir.

El príncipe se volvió hacia los gigantes y les dijo:

--Muchas gracias, sin su ayuda me hubiera resultado muy difícil lograr mi cometido.

--No fue nada. Buen viaje.

El príncipe abordo la nave y posteriormente se dirigieron hacia su reino. Cuando llegaron los esperaba un carruaje que los condujo hasta el palacio. Una vez ahí, el príncipe se dirigió hacia el salón del trono. Seguía estando de gala, los nobles lo veían con expectativa de saber que era lo que había traído de la tierra de los gigantes. El príncipe caminaba lentamente por el pasillo con el fardo que ocultaba lo que llevaba una vez que estuvo cerca del trono dijo:

--Padre, Madre. He hecho lo que se me pedía he ido hasta la tierra de los gigantes. Me han tratado bien y me han ayudado con mi encomienda. He traído lo que mi instinto me dijo era lo correcto, espero que sea lo que debía traer—En ese momento descubrió el libro dorado de piedras preciosas

--Muy bien hijo, ese es un tesoro invaluable—dijo la reina—especialmente, si tu sentiste que era lo adecuado. Felicidades.

--Así es hijo mío. Bien hecho. Toma tu tesoro y ve a tus aposentos a descansar.

El príncipe tomo su libro y subió a sus recamaras, y puso el libro en su escritorio. Y con curiosidad y orgullo lo comenzó a hojear por vez primera. Con la sensación de haber hecho algo importante.

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