domingo, 22 de enero de 2012
La reliquia
viernes, 20 de mayo de 2011
Las enseñanzas de los cuentos
A algunos de nosotros cuando éramos niños nos contaban o leían cuentos de hadas, fábulas y demás historias cortas. Ya fuera porque nos querían mantener quietos o porque algunas historias se parecían a nosotros y nuestras acciones de algún momento. El caso es que muchas historias nos dejaban un mensaje directito al subconsciente.
Pongámoslo así: ¿quién de nosotros no conoce la historia de caperucita roja o del lobo feroz y los tres cerditos? ¿La bella durmiente, Blancanieves, Cenicienta o Pinocho? Creo que todos conocemos alguna versión de estas historias. ¿Pero, en el fondo qué es lo que nos dejan éstas historias, aparte de entretenernos y despertar la imaginación y fantasía?
Sin entrar en por menores les puedo de decir que cada historia trata un punto especial de la vida diaria:
Caperucita Roja.
Sin entrar en los pormenores de la historia, sabemos que es una jovencita que va a ver a su abuela y que el lobo la ve, habla con ella se adelanta y devora a la abuela, se mete en la cama de la abuela y se hace pasar por ella. Una vez que caperucita está con él termina en la cama con el lobo.
La simbología aunque evidente, la evitamos para empezar el color rojo. ¿Por qué rojo y azul o verde? Sencillo el rojo está relacionado con la lujuria y con la sangre; que en éste caso es la menstruación, entonces caperucita no es tan niña como solemos pensar. Es una jovencita que en la adolescencia y es capaz de despertar la lujuria de los hombres maduros y mañosos (representados por el lobo).
El lobo, es peludo, astuto y anda detrás de caperucita: curiosamente los hombres suelen ser velludos y buscan el sexo, especialmente con mujeres jóvenes. Podemos llegar a la conclusión de que la historia trata de avisar sobre el riesgo que corren las adolescentes con los hombres adultos que se hacen pasar por amigables y hasta parte de la familia.
La bella durmiente
En este historia nos hablan de una joven que hechizada por haberse pinchado el dedo con una aguja queda dormida y despierta con el beso de un príncipe. El pinchazo, otra vez, es la menstruación y el beso el despertar de la mujer sexual y el dormirse es dejar a atrás la etapa infantil.
Y así los tres cochinitos hablan de trabajo duro y sus recompensas a futuro; Pinocho de los problemas que tiene mentir y como va uno madurando al hacerse responsable de sus decisiones. El Mago de Oz nos muestra la travesía hacía el interior y equilibrar lo que todos llevamos dentro: inteligencia, emociones (amor) y valentía. La Sirenita muestra los problemas de auto aceptación y encajar en entorno ajenos a los propios. Blancanieves y Cenicienta de las envidias de las adultas sobre la juventud.
Y así como éstas podemos encontrar el masaje en otras tantas historias, donde las brujas son ancianas y mujeres envidiosa, los lobos son hombres abusadores, los gigantes y los ogros los adultos de un mundo infantil. Cada historia va dejando mensajes de trabajo, de crecimiento, desarrollo y madurez. De como pasar del niño al joven y de ahí a la adultez.
Cada uno de nosotros cuando niños teníamos un cuento preferido, léanlo ahora desde una perspectiva adulta y recuerden su infancia y descubrirán porque les gustaba ese cuento en particular.
Neil Gaiman tiene un cuento poesía que sirve de guía para viajar por el mundo de la fantasía:
“INSTRUCCIONES
Toca el portón de madera que hay en la pared
y que no habías visto antes,
Di “Por favor” antes de abrirlo,
Cruza el umbral
avanza por el sendero.
Sobre la puerta pintada de verde, un diablillo
rojo labrado en metal
hace las veces de aldaba ,
no lo toques te morderá los dedos.
Recorre la casa. No cojas nada. No comas nada.
No obstante,
si una criatura te dice que tiene hambre,
dale de comer.
Si te dice que está sucia,
límpiala.
Si llora porque se ha lastimado,
siempre que puedas,
alivia su dolor.
Desde el jardín trasero podrás
ver el frondoso bosque.
Pasarás junto a un hondo pozo que desciende
hasta el reino del Inverno;
lo que hay al fondo pertenece a una tierra distinta.
Si llegado a este punto decides dar media vuelta,
puedes volver atrás, tranquilo;
no hay de qué avergonzarse.
No por eso me sentiré defraudado.
Atraviesa el jardín para llegar hasta el bosque.
Los árboles son centenarios.
Hay ojos que te observan entre la maleza.
Bajo un sarmentoso roble verás sentada
a una anciana.
Es posible que te pida algo;
dale lo que quiera.
Ella te dirá como llegar al castillo.
En su interior habitan tres princesas.
No te fíes de la menor. Sigue adelante.
En el claro que hay más allá del castillo verás
a los doce meses sentados alrededor del fuego,
calentándose los pies mientras cuentan sus cuentos.
Puede que te hagan algún que otro favor,
si se los pides con educación.
Quizá diciembre te deje coger fresas
bajo su manto de escarcha.
Confía en los lobos, pero no les digas a dónde vas.
Para cruzar el río tendrás que tomar el ferry.
El patrón te llevará al otro lado.
(La respuesta a su pregunta es ésta:
“Si le entrega el remo a su pasajero, quedará
libre y podrá abandonar el barco”.
Pero al responderle, procura estar
a una distancia prudente.)
Si un águila te da una pluma, guárdala
como oro en paño.
Y recuerda: que los gigantes tienen
el sueño muy pesado;
que a las brujas les pierde su codicia;
que los dragones tienen su punto débil,
no sé dónde, pero todos lo tienen;
el corazón es de natural discreto,
no permitas que tu lengua lo traicione.
No sientas celos de tu hermana:
soltar rosas y diamantes por la boca
no es menos molesto que soltar sapos y culebras:
los diamantes son fríos y duros y, además, cortan.
Recuerda tu nombre.
Nunca pierdas la esperanza: al final,
encontrarás lo que buscas.
Confía en los fantasmas.
Confía en que aquellos a los que has ayudado
te ayudan a su vez.
Ten fe en los sueños.
Ten fe en tu corazón y también en tu historia.
Llegado el momento de regresar, vuelve
sobre tus pasos.
Todo favor será correspondido,
toda deuda quedará saldada.
No descuides tus modales.
No mires nunca atrás.
Vuela a lomos del águila sabia (no te caerás)
Nada a lomos del pez de plata (no te ahogarás)
Cabalga a lomos del lobo gris
(agárrate fuerte a su pellejo).
Hay un gusano en el corazón de la torre;
y ésa es la razón por la que no durará siempre.
Cuando llegues a la casita,
al lugar lugar donde comenzó tu viaje,
la recordarás de inmediato,
aunque ahora parecerá más pequeña
que al principio.
Sube por el sendero, cruza el umbral
del portón que sólo viste una vez,
justo antes de iniciar el viaje.
Ahora ya puedes volver a tu hogar.
O crear uno nuevo.
O descansar.”
Neil Gaiman. Tomado de: “El Cementerio sin lápidas y otras historias negras”. Editorial Roca. 2010. México
Buen viaje a todos
martes, 12 de abril de 2011
El príncipe en la tierra de los gigantes
Era un día soleado, el príncipe se encontraba jugando en los campos cercanos al palacio. Su traje azul y sus botas de cacería favoritas estaban llenas de lodo de los alrededores del río. Vio el cielo y supo que era hora de volver al palacio, la tarde comenzaba a caer. Corrió hasta un pequeño túmulo de piedras en las que había un pasaje secreto que llevaba al interior del palacio, recorrió el túnel y salió cerca de los graneros. Una vez dentro del llegó a donde estaban los sirvientes alimentando a los caballos, las vacas, gallinas, patos y conejos. Corrió hacia la cocina en la que había varios fuegos prendidos y olía a estofado, las mujeres de la cocina iban y venían a toda prisa. Tomó un bollo recién horneado de una canasta y se disponía a salir cuando se encontró de frente con el heraldo de sus padres, era un joven alto, delgado, de cabellos claros y ondulados hasta los hombros, de rostro serio y cara alargada.
--Su majestad, el rey, solícita la presencia de su ilustrísima en el salón del trono—dijo el heraldo sin rodeos—sería tan amable de acompañarme.
El príncipe sólo atino a asentir y seguir al joven hasta las enormes puertas del salón del trono. El heraldo lo anunció y las puertas se abrieron de par en par. El salón estaba adornado con grandes estandartes de colores y los nobles de la corte se encontraban reunidos. Al entrar el príncipe todos ojos se posaron en él. Al fondo del salón estaban sentados sus padres. Caminó hasta estar a su alcance y se inclinó en muestra de respeto. Se veían imponentes en sus tronos y con sus trajes de gala. El rey sonrió y le dijo:
--Hijo mío, en el reino existe una tradición ancestral, en la que todo príncipe debe ir, al cumplir tu edad, a la tierra de los gigantes y traer algo de ella.
--¿Qué cosa padre?
--Eso, es lago que tú debes averiguar por tu cuenta. Lo que te puedo decir es que hemos preparado todo para que zarpes mañana rumbo a aquella tierra
--No temas, hijo, todo saldrá bien, además el viaje no es muy largo y pronto estarás de regreso—apuntó la reina
--No temo madre, sólo que no sé que debo llevar para realizar mi encomienda.
--Lleva sólo que consideres necesario
Se inclinó y se retiro a arreglar su fardo y provisiones para el viaje que se avecinaba.
A la mañana siguiente, sus padres lo esperaban con un carruaje listo para llevarlo a los muelles de los que saldría la embarcación que lo llevaría a las costas de la tierra de los gigantes.
Una vez en el muelle, sus padres se despidieron de él. El príncipe estuvo en el barco y veía como trabajaban los marineros y cómo el capitán dirigía la embarcación, el movimiento cadencioso de las olas lo adormecían y por las noches le gustaba contemplar las estrellas en el firmamento. Al amanecer del segundo día el vigía gritó desde el mástil:
--Tieeeeerrraaaaa aa la viiiiiiiiiiiiiiissssssssssssttttttttttaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!
Todos se apresuraron a anclar y ya preparar una pequeña lancha en la que abordaron el príncipe, el capitán y 3 marineros más. Una vez en las costas, el capitán habló con el príncipe:
--Alteza, estaremos esperando por 3 días en el barco. Nuestras provisiones no nos permiten permanecer más días. Por lo que le suplicó que no tarde mucho más de esos días, de otro modo el regreso nos será más difícil. Cuando regrese prenda el faro que está en la costa para venir por usted.
--Por supuesto capitán, regresaré lo más pronto posible—respondió el príncipe
Vio como se alejaba la lancha rumbo al barco. Después con paso decidido se encamino hacía el interior de la tierra de los gigantes, avanzó por unos matorrales espesos, hasta que escuchó sus potentes voces, había varios gigantes por ahí cerca, se ocultó tras una piedra y los observó, y descubrió que eran como la gente de su reino, alegres, trabajadores y habladores, sólo que eran gigantes.
Como pudo se trepo a una enorme roca y desde ahí grito e hizo señales a los gigantes, varios de ellos se acercaron a él y lo vieron. Uno de ellos se se agacho y lo vio. Entonces, el príncipe le dijo que venía a su tierra en busca de algo, que no sabía que era, que tenía poco tiempo y ´necesitaba de su ayuda. Los gigantes le dijeron:
--Hace mucho que no recibamos visita de tu gente. Te ayudaremos.
Uno de ello lo llevó en la palma de su mano y los demás sugerían: “la playa, el bosque, los ruinas, las cuevas…” le dieron un recorrido por sus tierras y la invitaron de sus comidas. Al día siguiente uno de ellos le dijo:
--Es probable que lo buscas esté en el pequeño edificio, es muy pequeño para nosotros, pero no para ti. ¿Quisieras buscar ahí?
--Creo que es una buena idea—aceptó el príncipe.
Lo llevaron hasta un pequeño castillo de piedra en lo alto de un peñasco. Lo dejaron ahí y le dijo uno de ellos:
--Cuando te desocupes haz sonar la campana del campanario para saber que estás listo.
--De acuerdo.
Entro en el castillo, dentro había una huerta y una fuentes y muchos cuartos llenos de objetos de todo tipo, armas, armaduras, ropajes, obras de arte, joyas, frascos con líquidos de colores, libros, pergaminos, etcétera. Recorrió una a una las salas hasta que en un estante lo vio, en medio de un globo terráqueo y un artefacto que no conocía estaba un libro de pastas azules y piedras preciosas en la pasta, el corazón del príncipe se acelero y supo en ese instante que ese era el objeto por el que había ido. La noche ya había caído y decidió dormir en el castillo. Por la mañana despertó y bebió de la fuente y comió de los árboles del castillo. Fue hasta la torre campanario e hizo teñir la campana. Una Gigante fue por él y le preguntó si ya había encontrado lo que buscaba. El príncipe le dijo que sí. Y le pidió que lo llevaran a la costa.
Varios gigantes lo acompañaron hasta la costa y vieron como prendía el faro. A los pocos minutos llegaba la lancha con unos marineros para recoger al príncipe.
--Alteza, estamos listos para partir.
El príncipe se volvió hacia los gigantes y les dijo:
--Muchas gracias, sin su ayuda me hubiera resultado muy difícil lograr mi cometido.
--No fue nada. Buen viaje.
El príncipe abordo la nave y posteriormente se dirigieron hacia su reino. Cuando llegaron los esperaba un carruaje que los condujo hasta el palacio. Una vez ahí, el príncipe se dirigió hacia el salón del trono. Seguía estando de gala, los nobles lo veían con expectativa de saber que era lo que había traído de la tierra de los gigantes. El príncipe caminaba lentamente por el pasillo con el fardo que ocultaba lo que llevaba una vez que estuvo cerca del trono dijo:
--Padre, Madre. He hecho lo que se me pedía he ido hasta la tierra de los gigantes. Me han tratado bien y me han ayudado con mi encomienda. He traído lo que mi instinto me dijo era lo correcto, espero que sea lo que debía traer—En ese momento descubrió el libro dorado de piedras preciosas
--Muy bien hijo, ese es un tesoro invaluable—dijo la reina—especialmente, si tu sentiste que era lo adecuado. Felicidades.
--Así es hijo mío. Bien hecho. Toma tu tesoro y ve a tus aposentos a descansar.
El príncipe tomo su libro y subió a sus recamaras, y puso el libro en su escritorio. Y con curiosidad y orgullo lo comenzó a hojear por vez primera. Con la sensación de haber hecho algo importante.









